El pasado 31 de Mayo se celebró el Día Mundial sin Tabaco, cuya campaña anual es una oportunidad para concienciar sobre los efectos nocivos y letales de su consumo y de la exposición al humo de tabaco ajeno, y para disuadir del consumo de tabaco en cualquiera de sus formas.

Tomamos esta temática como punto de partida para hablar sobre una problemática que no está ligada precisamente a la toxicidad característica de las propiedades del tabaco, pero que representa un riesgo que puede provocar lesiones en un abrir y cerrar de ojos.

Muchas veces no tenemos noción de lo peligrosas que pueden ser algunas acciones que llevamos a cabo, más aún si se trata de hábitos que ponemos en ejercicio casi sin darnos cuenta.

Para conducir un vehículo necesitamos nuestros sentidos concentrados en el manejo vehicular y en las condiciones del entorno. Para fumar necesitamos, al menos, que una de nuestras manos esté pendiente del cigarrillo. Esto disminuye notablemente nuestra capacidad de reaccionar ante algún imprevisto.

Dicho de otro modo; no hay manera de sujetar el volante de forma correcta mientras con una de nuestras manos sujetamos un cigarrillo.

Aún en condiciones normales, fumar mientras conducimos representa un riesgo ya que el sólo hecho de tener un cigarrillo encendido en una mano puede provocarnos una quemadura que, al sentirla, nos lleve a desviar la mirada del camino o a realizar maniobras bruscas sin advertir nuestro entorno debido a la incomodidad propia que la quemadura inmediata acaba de producirnos.

Además, el humo que produce el cigarrillo disminuye nuestra visibilidad aún con las ventanillas bajas debido a la circulación de aire que por ocasiones puede llevar a que el humo se cruce en nuestro rango de visión. De modo que, aún como pasajeros, es aconsejable no fumar dentro de un vehículo en movimiento.

Esto se agrava aún más cuando las condiciones no son normales y para las cuales debemos estar preparados para reaccionar de un modo adecuado; como ser maniobras bruscas de otros conductores, desperfectos del trazado que no advertimos hasta que pasamos sobre ellos, obstáculos en movimiento que debemos esquivar, etc.

Encender un cigarrillo implica desviar la vista del camino durante, al menos, 4 segundos. En este tiempo, puede pasar cualquier cosa. Si no estamos sujetando adecuadamente el volante al momento en que necesitamos realizar una maniobra no prevista, el riesgo es mayor.

En resumen; está claro que lo más saludable es no fumar. Llevado al ámbito vehicular, no son sólo nuestros pulmones los que están en riesgo; podemos provocar lesiones a terceros y a nosotros mismos por las distracciones propias de esta mala idea tan habitual; conducir fumando.

Tres personas con diferentes experiencias convergen en su preocupación sobre las problemáticas en torno al tránsito, analizando los distintos estados de situación y reflexionando acerca de posibles iniciativas a implementar para comenzar, de una vez por todas, a reducir las dramáticas tasas de accidentología vial.

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