Todos sabemos que la distracción de usar el celular mientras se conduce incrementa notablemente los riesgos de que ocurra un accidente. Esto mismo ocurre con otro tipo de prácticas que nos lleven a tomar el volante con una sola mano, más aún si debemos desviar la vista del camino.

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Una golosina por un beso

La primera semana de Julio se lleva a cabo esta premisa netamente comercial que nos invita a no ser tímidos y obsequiar algo dulce a cambio de un beso. Hagamos esto donde sea, incluso en el auto, pero estacionado.

Si vamos a comer una golosina, además debemos quitar el envoltorio. ¿Cuántos segundos dedicaremos a esto mientras que indefectiblemente estaremos quitando atención a la conducción? Sin lugar a dudas lo aconsejable es guardar la golosina y disfrutarla luego de haber conducido.

Comer no, y tomar un refresco?

A pesar que la mayoría de los vehículos cuenta con posavasos, para tomar un café o un refresco debemos quitar una mano del volante e inclinar nuestra cabeza quitando parcialmente la visión del camino. Además, si la bebida se derrama, ocurre lo mismo que si nos quemamos con el cigarrillo, la distracción que provoca captará toda nuestra atención por unos instantes que, si estamos conduciendo, pueden ser mortales.

¿Y si tomamos mate?

Ya que se toma con bombilla, sería como tomar un refresco con sorbete. No nos obliga a quitar la visión del camino ni a inclinar la cabeza para tomarlo, pero sí nos lleva a quitar una mano del volante. Por esto mismo es que también debemos evitar esta práctica, tan habitual en las rutas de nuestro país.

Si la distancia es larga y queremos tomar mate, comer o dispersarnos un momento, siempre será mejor detenernos en una zona segura alejada de la ruta y realizar estas actividades sin el riesgo de estar conduciendo al mismo tiempo. Luego será cuestión de retomar el viaje, con energías renovadas, y sin esa ansiedad de querer comer o tomar algo al manejar.

¿Y el beso?

Antes de salir, al llegar a destino o al costado del camino. No mientras conducimos. Recordemos que sólo alcanza un instante de distracción para que aún sin intención provoquemos una tragedia.

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En resumen, debemos mantener las dos manos en el volante y ocasionalmente quitar una sólo para cambiar de marcha o accionar los demás mecanismos que el diseño del vehículo pone a disposición intuitiva del conductor, sin que sea necesario desviar la vista del camino. Todo lo que demande mayor atención que eso, puede esperar a que detengamos la marcha de forma segura y recién entonces podamos comer, tomar un refresco o, claro, besar.