La vista es el sentido más importante mientras estamos conduciendo y según va aumentando la velocidad, el ángulo de visión se reduce.

Imagen por Alex Powell de Pexels

Mientras más rápido circulamos más difusas se vuelven las imágenes que percibimos, y si la velocidad es muy alta la vista del conductor sufre algo parecido al efecto túnel; el campo de visión queda tan reducido que se tiene la sensación de circular por un tubo.

Si vamos a 35 km/h nuestro ángulo de visión será de 104°, haciendo posible que detectemos lo que se encuentra fuera de los márgenes de la via por la que circulamos. Mientras que a 65 km/h el ángulo de visión se reduce hasta los 70°, si aumentamos la velocidad a 100 km/h el ángulo de visión baja hasta los 42° y si circulamos a 130 km/h sólo tendremos una capacidad de visión de 30°, apareciendo el llamado efecto túnel. Es en este punto en que se dejan de percibir con precisión las luces de los semáforos, señales y objetos o cuerpos de volumen reducido como ser animales, peatones o ciclistas.

Infografía por Dirección General de Tráfico

Tengamos en cuenta que si en algún momento comenzamos a sentir fatiga también se reducirá nuestro campo de visión, bajar la velocidad en unos 10 km/h puede mejorar nuestra visión periférica entre 7° y 10°.

Cuanto mayor sea nuestro campo de visión, mayor será la cantidad de información que lograremos percibir desde el exterior y tendremos mayor capacidad de reacción ante algún imprevisto o situación de emergencia.

Los límites de velocidad están establecidos para que nuestro desplazamiento se realice en un marco de seguridad para nosotros mismos (conductores), las personas que transportamos (pasajeros) y el entorno por el cual estamos circulando.

No exceder estos límites es nuestra obligación, porque así lo establecen las leyes pero también porque asumir riesgos que no tiene ningún sentido que asumamos es absolutamente innecesario.

¿Vale la pena el riesgo?

En zonas urbanas es imperceptible el tiempo que ahorramos por circular a exceso de velocidad en comparación a si lo hacemos en el marco de las normativas.

Y en distancias largas por supuesto que podemos llegar, digamos; 30 minutos, una hora, dos horas antes a nuestro destino. ¿Es incentivo suficiente para que pongamos en riesgo nuestra vida, y la de los demás, conduciendo a velocidades absurdas? Claramente NO.

Dos personas con diferentes experiencias convergen en su preocupación sobre las problemáticas en torno al tránsito, analizando los distintos estados de situación y reflexionando acerca de posibles iniciativas a implementar para comenzar, de una vez por todas, a reducir las dramáticas tasas de accidentología vial.

© 2019 S.E.V. Seguridad y Educación Vial x