Se le atribuyen frases similares a Fernando VII, Napoleón Bonaparte o Carlos III. Siendo que Augusto, el primer emperador romano, supo aconsejar lo siguiente;

Es que andar apurados nos lleva a cometer errores, lo cual trasladado al tránsito implica, muchas veces, ponernos en riesgo a nosotros mismos y a los demás.

Buena parte de los accidentes de tránsito tienen relación directa con las altas velocidades. Circular a una velocidad excesiva influye de forma negativa sobre nuestra capacidad de reacción y nos expone con mucha facilidad a situaciones de riesgo.

Mientras que conducir a una velocidad adecuada puede evitar que nos accidentemos y, en caso de aún así vernos envueltos en un accidente, es muy probable que las consecuencias sean de menor gravedad que si hubiéramos estado circulando más rápido.

La proporción de accidentes mortales es un 60% más alta cuando se circula a velocidades excesivas, ya que se agravan las consecuencias de los accidentes que se producen.

A mayor velocidad, más fuerte el golpe

Si chocamos contra un algo rígido, el impacto se puede comparar a saltar desde ciertas alturas; chocar a 50 km/h equivale a caer desde un tercer piso, mientras que chocar a 120 km/h equivale a caer desde un piso 14 y hacerlo a 180 km/h es como caer a 36 pisos de altura.

La velocidad excesiva también influye en la mortalidad de peatones y ciclistas. A 30 km/h sólo el 5% de los peatones atropellados perderían la vida, mientras que a 50 km/h la proporción de muertos sube al 50%. Si atropellamos a alguien mientras circulamos a 80 km/h o más, difícilmente sobreviva.

Los límites de velocidad

Los límites son un instrumento para reducir las tasas de siniestralidad. Se calcula que con sólo reducir 1 km/h la velocidad de circulación, podría disminuir un 3% la cantidad de accidentes viales.

Hay quienes dicen que debido a las mejoras técnicas de los vehículos actuales, las velocidades permitidas deberían ser mayores. Pero se olvidan de uno de los grandes problemas; a mayor velocidad, mayor es el error humano:

  • conducir a altas velocidades reduce la cantidad y la calidad de la información que recibimos del entorno.
  • al circular rápido tenemos menos tiempo para tomar decisiones, haciendo que nuestra reacción muchas veces no sea la correcta.
  • a mayor velocidad, más complejo es hacer determinadas maniobras no previstas.
  • aumenta el riesgo que de por sí generan otros factores como las distracciones y el cansancio, entre otros.

Las distancias de frenado

Mientras más rápido circulemos, más tiempo vamos a tardar hasta detener nuestro vehículo por completo y por ende más espacio vamos a recorrer.

La distancia de detención es la sumatoria de la distancia de reacción (lo que demoramos en pisar el freno) y la distancia de frenado (desde que pisamos el freno hasta que logramos detenernos por completo).

Además de la velocidad, en la distancia de detención influyen; el estado de la vía, del vehículo, del conductor y las condiciones climatológicas.

La velocidad adecuada

Hay momentos en que no superar la velocidad máxima permitida no es suficiente para evitar un accidente, por ejemplo cuando el ambiente nos presenta un escenario distinto a lo que se considera «condiciones normales.

Datos estadísticos de la DGT (ESP).

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